Blog de Psicoprevención

La lluvia nunca borrará tus huellas.

La lluvia nunca borrará tus huellas.

Te lo dije: “el futuro no es lo que tienes por delante, sino lo que hagas con lo que tienes por delante.”. La lluvia de esta tarde no borrará tus huellas.

Ya en la puerta, nos dimos dos besos. Uno como despedida, el otro para que te acompañe allá donde la vida te lleve. Tras una mirada cómplice nos dijimos “hasta pronto”.

Unas horas antes me decías que todo iba bien. Tus ojos vidriosos como un cielo que anuncia tormenta decían lo contrario. Lluvia, que pocas horas después mojaron las calles, no conseguiría borrar tus huellas. Las que te devolverían al lugar de donde viniste, las que te harán volver….. Tras una pausa, empezaste la conversación…… A partir de los 40 es difícil empezar de nuevo (…..). Sabes, porque te lo dije, que las lágrimas que caen del cielo en esta tarde de lluvia son las mismas que resbalan por tu rostro cuando gritas “no es lo mismo estar que sentirse sola”. Quebrantando la esperanza, la ternura y la belleza desmesurada de una piel de acero inoxidable, esta soledad malavenida con tus sentimientos, volverá a agitar los límites de la razón, tu cordura. Sabes que cuanto más rígida pienses, más vulnerable te harás a las adversidades. Advertiste que así sucedería. Y ahora que el fracaso y la desdicha llama a la puerta, la ruptura entre lo que fuiste y eres, o mejor dicho creíste ser, se asoma del vacío que hay en ti.

No entiendes nada, lo sé; pero es importante que llegues a descubrir que cada fracaso te enseñará algo que necesitabas aprender. Te lo dijo Dickens aquella mañana y te lo recuerdo yo esta tarde. ¿Perfección?. ¿Por qué?, ¿De qué?, ¿Para qué?…. La silla en la que estás sentada es una silla porque tiene lo que le hace falta para ser una silla, y no tiene lo que no necesita tener para ser una silla. Tú eres tal cual, ni más ni menos. No seas perfeccionista, precisamente lo que más llama la atención son esas bellas imperfecciones que te hacen ser una persona única e irremplazable. Esclava de la perfección, las cadenas te atarán a una satisfacción engañosa. Satisfacción directamente proporcional a los resultados e inversamente proporcional a las expectativas. Entrarás en ese juego en el que el precio psicológico por no cumplir tus “expectaciones” será importante. Ahora que superas los 40 haces una evaluación de tu vida y te das cuenta que las expectativas que tenías son demasiado altas con respecto a los resultados, por lo que la satisfacción es baja. Y entras en tu propia crisis.

Me dices que necesitas tener tu vida bajo control. Tu vida, ¿y la de los que te acompañan en ella?, pregunté. Surgió efecto…..¡controla tu carácter!. Tus arrebatos no te llevaron ni te llevarán a ningún lugar. ¿No lo has aprendido aún?. No conseguirán que por decirlo más alto vayan a llegar a este cielo encapotado que escupe lágrimas sin sal. De nuevo el llanto, de nuevo el sentimiento de culpabilidad por lo que no llegaste a conseguir en tu vida. Baja el ritmo y no te guardes rencor. Necesitas fuerzas para reincorporarte al camino de tus objetivos. Porque deberás ser fiel a tus sueños. No estás en el final, te encuentras en la mitad. Deberás escoger las batallas en las que querrás participar. En las que te matarán tantas veces que aprenderás a resucitar.

Transcurridas varias horas dejó de llover. Coincidió al finalizar tu llanto. ¿Casualidad?, no lo sé. Lo que sí descubrimos juntos es que tu sonrisa abrió la ventana de la esperanza en la que, ¿por casualidad? brillaba un arcoíris lleno de intensidad. El mismo que ahora resplandece en el horizonte en el que pocas horas antes la lluvia anunciaba desdicha y dolor. Sabes, porque te lo dije, que la tormenta es mucho más intensa poco tiempo antes de la calma y, de nuevo des la posibilidad al sol de que vuelva a brillar en esta segunda mitad de tu vida. Después de la lluvia abriste la ventana de tus sentimientos, y la brisa secó los ojos en los que se descubrió lo mejor de ti.

Fco. Javier Herrán Gamarra

Imagen tomada de freeimages. A la memoria de la mujer que eres.

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