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Mi querida Marlette

Mi querida Marlette

Hace mucho tiempo, tanto como hasta donde llega mi memoria, coincidimos en la retrasmisión en directo de un programa radiofónico. Aunque aquella mañana podría haber sido la de un domingo cualquiera, me temo mucho que no lo fue.

Una ráfaga de aire afrancesado, con suavidad bien intencionada, me sobresaltó y al darme la vuelta ahí estabas tú. Alta, morena y ágil (como el poema de Pablo Neruda) ocupando los huecos que dejaba un vestido de tonalidades azul oscuro y verde petróleo. ¿Está ocupado?, preguntaste haciendo referencia al asiento contiguo. (Por aquello que te dije, – “los hombres se enamoran por la vista y las mujeres por el oído” – ) he de reconocer que en un primer momento creía que te referías a la sección que correspondería a la última parte del programa, la del corazón. “Por favor, adelante”. Y fue ese “adelante “, el que te dio la licencia suficiente no sólo para ocupar un respaldo almohadillado tan necesario como apoyo amortiguador ante los golpes de la vida, sino además adueñarte de la razón por la cual aquel instante hizo que las ondas radiofónicas se desorbitasen. Ya con la frecuencia cardiaca modulada y sin mediar palabra, tu mirada clara y un pequeño tic en el labio inferior hicieron pensar que, como en cualquier otro tipo de contienda intrapersonal, “son más los heridos que los que gritan”. Se percibía estratégicamente, en las cuatro esquinas de aquella pequeña mesa microfónica, el batallón abanderado por la tragedia cuando me diste una carta. Coincidió con un corte del programa en el que sonaba, como si de una vieja gramola se tratase, los acordes de una canción. Melodía de amargura resentida por una vida maltratada en la voz de José Alfredo Jiménez.

Ese texto que yo mismo te invité a llevar a cabo como contenido de nuestros encuentros, y aunque no lo supiese en ese momento, anunciaba desde un silencio de un público radiofónico la sintonía del frío que hace en la vida. Las primeras líneas hacían referencia a la necesidad de que el tiempo se hiciese cargo de un final. De un lugar donde no cabrían los consejos y la amistad diera paso a la confianza y esta a confidencia. Fue entonces cuando imaginando el dolor de la tinta al tener que dar forma a los sentimientos, percibí un desafío. Imaginaba como la pluma se negaba a darle forma a las palabras, la tinta corrida lloraba desconsolada al ser esclava de una estilográfica autoritaria y con sentido del deber. Ese “deber” que manda, insiste y dictamina la búsqueda del sentido. Y de no encontrarlo en un tiempo razonable daría paso a una indefensión ante la vida. Te recordé lo que sobre aquello decía Blaise Pascal (“todas las desdichas radican en la incapacidad de sentarse solo en una habitación”). Esta mañana al levantarte, tras haber pasado la noche con el pensamiento recurrente sobre tu desdicha, ¿hiciste algo para ser fiel y desviar la atención a la parte de la vida que te va bien?. Por muy pequeña que sea esta….

¿Cuántos errores te has perdonado?. Cerrar heridas y aprender a convivir reconociéndose en las cicatrices es encarar el camino que tienes por delante con ilusión y confianza. Esta ilusión por tu vida y la confianza que te falta serán las herramientas que necesitarás para no perder la perspectiva e ir en búsqueda del sentido de lo que ocurre en tu interior. Encontrarás el sentido a lo que te está sucediendo cuando te creas protagonista de tu propia obra de teatro, representada día a día en tu vida. Cuando no esperes la aprobación de los demás continuamente. Cuando encuentres el camino de la serenidad, y te alejes de la inmediatez y dependencia emocional. Cuando seas la ingeniera de tu proyecto de vida y consigas el arte psicológico para interpretar la verdadera realidad que te rodea. No busques fuera lo que tienes dentro. Reflexionar significa analizar los prejuicios, las falsas creencias que te atan y esos pensamientos con los que te acuestas y te levantas cada mañana, siendo infiel a quién te da el aire que respiras, tus sueños, tu propio ser. No te limites ni pongas impedimentos para disfrutar de las cosas buenas que te están sucediendo y relativiza, por favor, los momentos negativos. El éxito lo tienes. Sólo falta que te lo reconozcas.

Y en ese preciso momento la locutora pasaba el testigo a una meteoróloga que anunciaba la entrada de borrasca para la tarde. Me temo que el temporal ha llegado y la huella, como sello radiofónico de esta mañana de domingo imborrable ante la vida, nos recordará que cada día estamos en directo, “estamos en el aire”.

Fco. Javier Herrán Gamarra

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Imagen tomada de freeimages

Para citar este artículo:

Herrán Gamarra, Fco. Javier. (2018, 17 Junio). “Mi querida Marlette”. www.psicoprevencion.com. Disponible en (17-Junio-2018): http://www.psicoprevencion.com/category/blog/

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