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Propone u “objetiviza”. El desarrollo profesional.

Propone u “objetiviza”. El desarrollo profesional.

Les cambio el artículo que les prometí por este otro. Espero me sepan disculpar, pero la verdad es que me apetecía hacerlo de esta manera.

Una cosa es tener propósitos profesionales y otra diferente objetivizarlos. La diferencia radica en que en el primer caso buscamos el camino a seguir, y en el segundo la meta que perseguimos. Les propongo ser objetivos, aunque para serles sincero es más real (profesionalmente hablando) el camino que la meta.

Les adelanto que no les voy a proporcionar ninguna fórmula secreta ni verdad absoluta. Entre otras cosas porque no creo en ninguna de ellas, y por supuesto para el desarrollo profesional, a mi juicio no existen. Fundamentalmente porque cada profesional y profesión es un mundo. Lo que sí que voy a intentar es ayudarles a descubrir que entre quedarnos como estamos y conseguir algo diferente (no definido) hay un camino, el interés por el desarrollo personal/profesional (el que tengamos nosotros y los otros). El propósito es el camino, el objetivo no es sólo la meta.

Dicho lo anterior, evidentemente, para saber a dónde queremos llegar tenemos que tener claro el camino que pretendemos seguir. Sin embargo, en muchas ocasiones, nuestras reflexiones (y las de los otros) invierten los conceptos y nos quedamos simplemente en el propósito o buena intención. En mi opinión, el sesgo radica en que es mucho más sencillo tomar un camino que aparentemente nos puede resultar interesante, que definir realmente qué es lo que queremos para nuestra vida profesional, es decir el objetivo (pasar del interés al compromiso). Identificar la meta significa dedicar tiempo de reflexión y plantearnos los recursos que necesitaremos, y obviamente en ese orden. ¿Sobre qué debemos plantear tal reflexión?. A mi juicio, implantar un cambio en nuestras vidas (o en la de los demás) significa considerar una adaptación a las condiciones externas (en las que pretendemos o nos pretenden hacer “aterrizar”) y los esfuerzos necesarios para modificar lo necesariamente modificable. ¿Qué condiciones nos encontraremos en esta nuestra reflexión?. Por una parte, condicionantes negativos los cuales controlarán y neutralizarán nuestros intentos de adaptación; y por otra parte los positivos, los cuales amplificarán nuestra intención de ajuste al nuevo entorno. En este momento, lo suyo sería definirles a través de ejemplos cuales serían los condicionantes citados, pero creo que es mucho más práctico y sencillo (desde el punto de vista del desarrollo personal/profesional) que realicen el más que conocido como cuadro D.A.F.O. Enumeren las debilidades y fortalezas con las que cuentan (o creen contar), y las amenazas y oportunidades del entorno al que se dirigen. No caigan en la tentación de pensar que como a un conocido le fue bien, a mí también me irá bien si hago lo que hizo él. ¿Y por qué? Simplemente, por lo que conocemos como equifinalidad.

La planificación en el cambio es una parte importante para determinar el éxito o fracaso. Ser conocedores del entorno de la forma más exhaustiva posible es la regla número uno. Y al referirnos a “ser conocedores del entorno” debe entenderse como las resistencias internas y externas que debilitan la adaptación. Por ejemplo, ¿conocen las razones (objetivas) por las que quieren cambiar?, ¿se sentirán realmente seguros en el nuevo entorno?, ¿somos verdaderamente dueños de nuestro cambio?, ¿seremos capaces de romper con nuestro rol anterior?, económicamente ¿es “aceptable” el nuevo contexto?…. En definitiva, todas las interrogantes que surjan de una reflexión sobre las diferentes resistencias con las que nos encontraremos llevan al mismo lugar: miedo razonable por el cambio que pretendemos. Tengan en cuenta que nada de lo que percibimos lo hacemos de manera aislada por lo que es imprescindible recurrir a un tipo de pensamiento estratégico en el que los esquemas preconcebidos durante nuestra vida profesional deberán ser objeto de crítica constructiva. No olviden que para la mejora es necesaria la crítica. ¿Y qué recursos necesitaremos? Obviamente, ustedes lo saben mejor que yo, pero tengan en cuenta que los recursos son necesario, no suficientes. No los consideren demasiado rígidos, es decir “si no poseo tal recurso no podré conseguir tal objetivo”. No se trata de causa-efecto, ya que existen una serie de variables intermedias que sólo ustedes poseen y que tal vez en este momento desconozcan.

¿Y qué podemos esperar de todo esto?. Es decir, ¿qué objetivos conseguiremos?. Parece que esta pregunta está fuera de lugar, pero no es así. Una cosa es la meta que ustedes se hayan propuesto (ya saben, el camino a seguir) y otra diferente el que sea posible la consecución de dicha meta. Si les soy sincero, que obviamente no puede ser de otra manera, el tener el viento a favor no garantiza llevar el barco a buen puerto. El desarrollo profesional es una realidad compleja y como tal los resultados son imprevisibles, por lo que es posible que consigan objetivos no tenidos en cuenta o incluso que el objetivo al que se referían al inicio del proceso no sea realmente la meta que buscaban. En cualquier caso, dudo mucho que no hayan descubierto en ustedes capacidades que desconocían y que en adelante les hará tener una visión estratégica sobre su desarrollo profesional. A mi juicio, tal será el cambio que cuando hagan una introspección o pidan a personas cercanas a ustedes que evalúen su evolución se habrán dado cuenta de que efectivamente ha merecido la pena (aunque no hayan conseguido el objetivo propuesto); e incluso, esto les haga replantearse muy seriamente que con lo aprendido están en condiciones de tomar la decisión de coger un nuevo tren. Esto da píe a valorar alternativas antes no consideradas.

Fco. Javier Herrán Gamarra

Psicólogo-Consultor de Recursos Humanos, Seguridad y Salud psicosocial.

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Imagen tomada de freeimages

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