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“Costeando” beneficios.

“Costeando” beneficios.

Allá por 1932, Tolman inicia unos trabajos que llevarán a considerar las elecciones que toma la propia persona entre diversas alternativas. En prevención de riesgos laborales, ¿emite el trabajador conductas de riesgo porque le resulta más sencillo (menos esfuerzo) que si emitiese conductas seguras?

Años más tarde, en 1964 Víctor Vroom guiado por los trabajos de Tolman, consideró que la conducta de las personas estaba dirigida por tres variables: expectativas, valencia e instrumentalidad. Si trasladamos estas variables a un empleado que está tomando la decisión entre emitir conductas de riesgo o conductas seguras, ¿cómo razonaría?. Si consideramos que la expectativa de la conducta es la creencia que tiene este empleado sobre si la realización de un esfuerzo le llevará al resultado deseado, es posible que piense “Colocar la escalera inclinada me posibilita llegar a ese punto de la pared y no tengo la necesidad de ir a por otra escalera. Tendré cuidado al subirme”. Si además da un valor a los resultados de dicha conducta (valencia) “Llego tarde a mi cita, me interesa acabar cuanto antes el trabajo” y si por último relaciona instrumentalmente las variables anteriores, el resultado del procesamiento del riesgo percibido dará “Llego tarde a mi cita. Tengo que acabar el trabajo lo antes posible. La única manera de hacerlo es colocando esta escalera inclinada para llegar a la estantería y así me ahorro tener que ir a por otra. Subo con cuidado, total qué me va a pasar”. El debate está servido.

Evidentemente, sobra decir que este trabajador contempla la conducta de riesgo como la más beneficiosa para sí (en función del resultado esperado), este empleado percibe inadecuadamente el riesgo, el procesamiento del mismo es completamente sesgado, y por supuesto la actitud frente a las medidas preventivas queda considerada desfavorablemente. La emisión de conducta de riesgo supone un coste menor, y la probabilidad de accidente se eleva potencialmente. En definitiva, la cadena probabilística de accidente descrita queda reforzada por un coste y beneficio subjetivo. Si a todo esto le sumamos que el contexto es el propicio para que se genere el accidente, es decir no tiene herramientas adecuadas ni equipos de protección individual al alcance para realizar el trabajo, las hojas de instrucciones, procedimientos de trabajo, evaluaciones de riesgos en el puesto para ser consultados están “desaparecidos”, la (in)formación y concienciación continua alejadas de la realidad, y finalmente el supervisor no cumple con el ejemplo y/o refuerza esta tipo de conductas, la probabilidad de que el suceso no se materialice queda en manos de la providencia. Este relato les puede parecer surrealista, pero ¿es la prevención del riesgos laboral vista desde el prisma coste-beneficio tan realista como para que sea una de las razones por las que se producen los accidentes laborales?. En “Técnicas psicosociales para la prevención de accidentes laborales” damos respuesta a ello.

Si consideramos este surrealismo deberíamos definir su contrario, la cultura de seguridad y salud laboral. La comisión de seguridad y salud del Reino Unido (HSC, 1993) la definía como “el producto de valores, actitudes, competencias y pautas de comportamiento hacia la seguridad, así como el estilo y competitividad de los programas de seguridad y salud de la organización.” No cabe duda, del surrealismo citado a la cultura preventiva existen variables determinantes que hacen que el producto final sea baja o alta siniestralidad. El valor que dé los diferentes agentes organizacionales implicados en la prevención de los riesgos laborales y sus actitudes frente a conductas de riesgo no dejan paso a subjetividades. La importancia en determinar pautas de comportamiento seguro pasa por considerar el impedimento o sobreesfuerzo para las conductas de riesgo. Muchas veces somos “esclavos” de una cultura surrealista, unas veces creadas por nosotros mismos y otras impuestas por la situación del momento organizacional. Podemos ser prisioneros de nuestras propias ideas, basadas en experiencias positivas que no tienen por qué repetirse (siempre lo he hecho así y nunca me ha pasado nada). El coste y beneficio de las conductas en seguridad y salud laboral no sólo parten del empleado sino del reforzamiento del la propia organización en su consecución.

“Costear” beneficios significa considerar que un empleado novel verá en el ejemplo su propia actuación probabilística, y un empleado veterano en su experiencia subjetiva. No podemos caer en la tentación de obviar el sistema pensante psicosocial de quien emite las conductas. Todo lo contrario, es nuestro deber desgranar dicho pensamiento para entender y modificar actitudes y conductas preventivas.

Fco. Javier Herrán Gamarra

Psicólogo-Consultor de Recursos Humanos, Seguridad y Salud laboral.

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Imagen tomada de freeimages

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